2 de septiembre de 2005

Nuevo Uno

Aquí, un gota a gota de un proyecto que no acaba nunca: ir al papel en blanco siempre es una experiencia única. No hay fórmula para vaciar el universo de lo propio. Sé es siempre un mocoso que se desenvuelve entre el pudor, la impericia y el querer. No hay más. Algunas pistas: Mary el amor; Alonso el primer hijo; quizás la dominación a partir de lo comunicacional (los medios); por supuesto la música.

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Aznar en el reproductor, y en el último rincón de los respiros un trueno venido a menos. El aullido de los sinsabores haciendo mella en estos mis ojos, en estas mis manos, en estas mis ingenuidades.
Paso malhabido entre los pasos de un gitano, beso alenguado en el rostro equivocado. Si la sombra no es la noche todo puede pasar, hasta el espejo puede hacernos trucos pasajeros.
La belleza restringida a esos tus senos, mientras en la calle la arquitectura me transforma, se transforma, me electriza, me descuera, me da una señal de lo que fue, de lo que imagino, de la languidez.
El espacio se desfigura en trazos de ambigüedad intencionada y la poesía urbana es el nuevo espectro de un arte des-aurado. Me reflejo en ellos, haciendo diatriba perversa del Narciso original.
Cuatro cuadras desde ti hacia mi, eternas en la decisión, regias en bajada, melosas con un cigarro encendido entre estos dedos, y el recuerdo de lo que acaba de pasar.

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Comprimir la angustia es el preciado devenir de los días aquí, constreñir la ansiedad para no soltar los recuerdos que pueden convertir la noche en una espiral de silencios alterados.
Ser pasajeros no es una elección, es más bien una imposición que no es posible vulnerar. Es, por lo tanto, destino.

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Algunas cosas revierten los ocasos. Las palabras de un tal Luis puestas en el universo marginal de la industria. Las cuerdas de un casi preto estacionadas para siempre en el imaginario de algunos de ustedes. Aquella cuasi ficción muy dispuesta a hacernos destrivializar nuestros ritos cotidianos. Las tardes conversadas bajo un parrón fuera de contexto. El lenguaje a disposición de la subversión que nunca fue; no importa. El viaje en un móvil verde hacia ningún lugar. El vaso a punto de estallar. La puerta esperando abrirse tras tus brazos abiertos, esperándome. Tus días antiguos. Tus ojos antiguos. Tu manera de amar antigua.

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Paseo oscuro en la medianoche de un día nada. Partir es volver desde siempre. Me acojo a mi último deseo. Retrucar el orden del sinsentido; como la atmósfera afuera, llena de poses king size.
La inmensa prisa establecida como un sarcasmo, trayendo la desgracia de los tedios prime. No llores en mi hombro, nena, es tarde para volver a sentir-vivir.

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Luego de tu lecho frío no hay más que bares de vino barato. No hay más que lenguaje vuelto vida. No hay más que aureolas de tabaco fino arrojadas por una boca rouge. No hay más que 128 kbps sin protección. No hay más que brisa de 23:30 lamiendo nuestros rostros. No hay más que vitrinas circulares y faces sin anteojos de sol.

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Parecer es licor volteado a toda noche. Permearse desde la fila opuesta es como derretir a fuego flemático la protección final. Liberar los demonios sustituye el abrir de las alamedas. Parece ser, pero no lo es.
Gesticular en medio de la plaza pública es como "un" dominio.com. Liderar las nuevas flores, la vieja India, la sierra en el Norte, el árbol sagrado bajo la lluvia, es "la" acción de arte. La única. Es la Historia.

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Mañana despertaré entre las sábanas de quien me volvió a dar la vida. Dejaré una mancha a medio camino. Traeré unos huevos y una copa. Fregaré uno que otro plato. Llevaré dinero a casa. Tendré un manojo de llaves. Llevaré el cepillo en un maletín. Tomaré un trago por ahí. Lo demás es Bukowski.

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Me pregunto si volveré a renegar del placer tal como lo hago ahora. Talvés es sólo un mal momento entre estos vientos pálidos. El guiño azulado de un vicio censurado no es más que la plaga haciendo los trazos de la muerte. Al atardecer tomaré el té con Tía Amanda, en los brazos de un manto que protege en vano. Levantaré las manos en son de culpabilidad, esconderé los dientes para no afilar tu sed celestial. El escondrijo se gotea de a poco, mientras en el asiento trasero el diluvio se vino con cuática. La calma vendrá de manos del castigo y la rehabilitación en digital. Desde abajo moldearé los años de la raza ancestral, con la frente en alto y los ojos bien rojos.

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Laughing Stock es un buen recuerdo de tiempos analógicos. Cuando aún tocaba con los dedos la espuma revitalizante de algunos espacios. La luna ha vuelto a ponerse para los días de la vida. La vida llegará por estos lados envuelta en unos rasgos de hombre. La euforia indemne dejó, al pasar, ríos de olvidos impertinentes, como si el llanto retuviera al dolor en cada pétalo caído. En fin, la anorexia neuronal termina con bacanales al lado de unas tiernas mentes.
Laughing Stock no terminará mis hermanos, será huella en desierto florido.

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Reino de las luces vanas. Lejos del ilusorio ilustrado de antaño. Mañana caeré por tu vereda para hacerte una mueca bien ataviada. En el limbo de estos buenos sueños se acogen reclamos sin fondo, como para dar lustre al polvo de los tiempos; sin delicia, sin belleza, así no más, con la delicadeza del tirano.
Mañana caeré por el barranco y seré héroe sin quererlo. Tendré un digno entierro y llorarán las viudas. Resucitaré como todos los vivos y haré lluvia cada nuevo desengaño.

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Clandestina generación. Nacimiento escondido, luchando en la perdición del explícito, pisando más fuerte para dejar las huellas más profundas, los quejidos más estridentes. El rencor hecho parada a eso de las 7:30.
Menos esos nuevos ojos, menos esas nuevas risas, menos lo llantos, menos tus uñas puestas divinamente, como obra de un Dios.
Hombre de pelo raso entre las manchas inversionistas. Revuelo de tus genes vacilantes en medio paño menor. Revuelo en gafas inmerecidas, viendo la vid en plenitud. El rastro de lo que quieres venir vendrá, en pocas gotas, en mínimas cantidades, para no caer en contradicciones.

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Poco más de veinte días, risueño picaflor de antojo. Limpio en cada lágrima.
La noche, esa flácida pesadilla, ya nunca más vendrá. El destellar de unos buenos nuevos días revierte maldiciones de antaño.
Te miro paternal y hago un verso de cada pelo tuyo, como si la magia nombrante no fuera más que un poco más de amor.
El primerizo lecho de "vientres uno sólo" adormece la pena, deslumbra, destempla despertares y hace realidad lo que no se sueña.
Resuello en tu mejilla, balbuceo algún canto de cunas locas, parpadeo con tus ojos y hago un recuento de lo que vendrá.

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Ahí estás, durmiéndote. Dándole con un mazo a las verdades que reniego. Ahí estás, danzando entre una lluvia de gotas-ojo, haciendo estallar en mi aquello que no existía. La rapidez se acompleja ante la evidencia de unos cuantos meses que quiero no pasen. El ruido ensordecedor de una vida ajena se convierte en canción desde tu garganta que es mía. La abúlica mirada muda de piel hasta impregnarse de tus ojos indefinibles. Como si otras gafas fueran desde hoy el placer irremediable.
Ahí estás, meciéndote al son de los días nuevos. Jugando a ser, sin plagio ni aires a nada. Unico e irrepetible, sólo como tú.

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Regreso al papel como la vida que regresa contigo. La medialuna de anoche la vi por ti, y sin quererlo mi cara hizo suyo el clamor frío de las 3 am. No me despiertas, me revives, como si tus llantos dulces fueran la voz del mar.

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